jueves, 10 de noviembre de 2011

SALTO DEL CABALLO POR ARGELITA APM 89



El Salto del Caballo. El famoso abismo que da nombre a la subida, ubicado más cerca de Lucena que de Argelita.

Amigos de Perfiles y Bicicleta, para hoy tenemos el análisis de una subida mítica e inhóspita, el Salto del Caballo por la población de Argelita. Subida también conocida como Cola de Caballo o Mas del Moro. Unos 10 kilómetros de subida con todo tipo de porcentajes y paisajes. És una carretera poco transitada, así que se recomienda acudir acompañado, pues el tráfico es prácticamente nulo. Vamos con la situación y el perfil.

ESTUDIO COEFICIENTE APM:






Situación subida Salto del Caballo.




Extracto de la crónica del Salto del Caballo redactada para nuestro blog ciclista Dándolo Todo allá por el año 2009, relato ciclo-fantástico de corte subjetivo:

Lo de ayer no estaba programado, sencillamente surgió. Estaba tirado en el sofá digiriendo la liviana comida, noté mis piernas recuperadas de la etapa de almedíjar del día anterior. También pensé en que este fin de semana no habría bicicleta para mí…todos estos pensamientos me hicieron hervir de excitación, mi cuerpo pedía esfuerzo, sangre y gesta!

¿Hacia dónde dirigir mi excitado cuerpo ávido de nuevos desafíos? Desde hace años no hago más que oír noticias de ese famoso “Salt del Cavall”, sin saber lo que es. Mi curiosidad es muy grande y necesito visitar ese lugar, impregnado de leyenda y mitología.

Primero debemos ubicarnos. Desde el punto de vista ciclista, se conoce como “Salto del Caballo” o “Cola de Caballo” a la carretera que comunica Argelita con Lucena del Cid. De unos 23 km de longitud y con masías abandonadas a lo largo de su recorrido.

Desde el punto de vista de la leyenda, el nombre se lo debemos a unas peñas de 300 m de altura ubicadas más cerca de Lucena que de Argelita, que presentan un cortado entre ellas que las separa unos 100 metros. Se cuenta que “Sant Jaume” en unas fuentes o Jaume I en otras, huía de unos moros perseguidores a trote de caballo sobre el altiplano que hoy nos ocupa. Llegado al cortado ordenó imperiosamente a su caballo que saltara hasta alcanzar la montaña vecina. Un salto de más de 100 metros que lleva excitando las calenturientas mentes de los lugareños a lo largo del último milenio. Los moros perseguidores, como no, se precipitaron al vació en tropel y Jaime I su caballo ganaron renombre. Dicen los lugareños, que el salto fue tan apoteósico, que las herraduras del caballo todavía están marcadas en la roca desnuda…lo inaccesible y rocoso del emplazamiento impide la comprobación de las marcas de tan descomunal salto…hasta aquí la historia, siempre buena, siempre necesaria, sin ella nos perderíamos en el abismo del tiempo.

Cojo mi Atos muy decidido a conocer esta mítica subida. Dejo el coche en Fanzara y la gente me mira, muchas terracitas atestadas de rumanos ociosos ajenos a la historia de esta tierra. Empiezo a pedalear, me esperan 10 kms de repechos hasta Argelita, serán un buen calentamiento hasta empezar la subida. Son las 17:30 y maldigo el haber holgazaneado tanto después de comer, la inspiración me llegó tarde. Los primeros compases son siempre muy agradables; quedan atrás los agobios de vestirse, preparar la mochila, cargar la bici en el coche y conducir sin aire acondicionado hasta Fanzara. Al empezar el recorrido toda esa carroña se olvida, el aire es puro y lo respiro con fruición. Son momentos que no se pueden compartir con nadie ajeno a las dos ruedas. Sencillamente no lo entienden y cuando lo explicas a un profano te sientes hasta un poco ridículo y loco. Da igual, vosotros sí lo entendéis, y por eso se escriben estas crónicas, ¡ojalá el hacedor nos permita escribir muchas más!

Hay varios repechitos camino de Argelita. Al recorrerlos pienso en la etapa del Castillo y en los ataques de Vidal y me aflora una sonrisa. Es la magia de la bici. Tengo un nuevo compañero, se llama ipod shuffle. Es muy pequeño y ligero, somos tres pues, el hombre, la máquina y el cacharro. ¡Vaya un equipo que formamos! El cacharro vomita melodías machaconas de música trasnochada de las discotecas de mediados de los 90. No pega nada con el espléndido paisaje. No importa. Me empuja a pedalear más deprisa y eso es bueno. Al final vas solo, y lo único que importa es pedalear cada vez más deprisa, subir el ritmo y alcanzar el infinito. Corres contra el rival más duro, que eres tú mismo.

Llego a Argelita. El pueblo se encuentra a la sombra de una imponente peña coronada por las tradicionales antenas. Sé que mi camino va hacia esa peña. Se ven las primeras rampas en zig-zag, me recuerdan a las 2 primeras rampas del Pla d’Adet en los pirineos. La sangre bulle de excitación. Miro mi bidón y no está lleno a tope. El sentido común me dice que he de entrar en Argelita a buscar una fuente. La locura me dice otra cosa bien distinta. Recuerdo las palabras de papito la semana anterior. “ni se te ocurra ir solo al Salto del salto del Caballo, no hay vida hasta llegar a Lucena, cualquier percance supondría la muerte en esos parajes”. Sonrío, debido a esas palabras estoy hoy aquí. No cojo agua a sabiendas que no la hay hasta Lucena, así le damos otra dificultad añadida a esta locura. Ya lo veis, el cuerpo nos pide gesta y aventura. Es la búsqueda incesante de la fatalidad. Ya llegará…

Enfilo la primera recta, es bastante dura. La carretera es estrecha, pero el firme parece bueno. Me recuerda mucho al puertecito de artesa hacia ayodar. En las primeras rampas hay árboles y mucho silencio. Conforme vas subiendo cada vez las vistas sobre Argelita son más espectaculares. No conozco nada del puerto, sólo tengo vagas referencias, una subida de 8 ó 10 km, un altiplano-meseta con repechos de unos 5 ó 6 km y un descenso con repechos hasta Lucena. Entre el km 1 y el 2 hay una rampa de 500 m al 10%. La disfruto sin forzar, hay que saborear esta subida, el silencio y lo aislado del paraje lo permiten. Sólo oigo mi respiración, que cada vez va más agitada, no me importa, hay que darlo todo. Superados los dos primeros kms, tengo la sensación de que las rampas aflojan, aunque calculo que no bajan nunca del 7 %. Parece que estoy rodeando la gran peña de Argelita, imagino que la iré bordeando en espiral hasta llegar a la cima, ¿qué habrá por ahí arriba? Sólo el Hacedor lo sabe. Ay Vidal, ¡cuánta razón tienes con lo del pulsómetro!

Miro mi cuenta kms, mi única referencia y salvación en caso que sobrevenga la catástrofe. La cercanía del peligro estimula mis músculos. Las piernas van bien, cada día van mejor y cada día quieren más distancia y pendiente…no ocurre lo mismo con la espalda, cada vez está más dolorida, la etapa de ayer, me está pasando factura. Voy por el km 4 y veo una curva hacia la izquierda ya se van acabando los árboles. Giro esa curva y empieza la maravilla, a lo lejos está el mar! Y se obra el milagro! La mente, el cuerpo y la máquina se funden en un solo elemento. Sólo por esta visión ya merece la pena la visita. Fantástica! Lástima que el día sea brumoso y la costa sólo se adivine. En un día claro, tendremos toda la plana alta a nuestros pies, extendiéndose como un manto de árboles frutales desde la meseta hasta el mar. Empiezo a ver masías abandonadas. Restos torcidos de muros de mampostería corroída por todos los años de una edad entera…esas piedras tienen su historia, seguramente perdida para siempre.

Sigo avanzando, voy por el km 4,5 ó 5. En el suelo veo anuncios de una meta cercana, a tan sólo 1,5 km. No me hago ilusiones, esta gente de la Casola me tanga, ¡seguro! ¡Llega otra rampa de 500 metros al 10 %! Me tengo que levantar de la bici. Poco a poco empiezo a vislumbrar la magnitud y grandeza de la meseta en la que me estoy adentrando. No hay palabras. Se te corta la respiración. Pasado ese kilómetro y medio veo una raya de meta, ¡como si ya hubiera coronado! Llevo casi 6 kms de ascensión. Desde este punto veo a mi izquierda las antenas de Argelita, auque vistas desde el pueblo están al borde del acantilado, vistas desde aquí están al final de la meseta. No hay bajada, tan solo un descansillo de 200 metros. Ya estamos en el altiplano y el mundo ha cambiado, ¡lo noto!

Superadas las antenas la carretera se adentra en otro mundo, pero que va hacia arriba igualmente. Todo ha cambiado. La vegetación, la luz, las rocas…es todo inhóspito y agreste. Siempre he pensado que el hacedor tenía un molde para hacer el mundo, que hubo días que estuvo agobiado y abuso del molde para acelerar, por alguna razón, no lo usó en esta meseta y se eso se nota en el ambiente, es especial, no hay rastro de humanidad y me queda muy poca agua…la gesta se agranda. El paisaje me sobrecoge. Viene otra rampa que debe estar cercana al 10% y el final no se adivina. Sufro mucho, el sol quema y el corazón ya va desbocado. Esta meseta está igual que hace 10.000 años. Me hace pensar en sangre derramada, no se el porqué, pero imagino ejércitos inmensos chocando en el altiplano y derramando mares de sangre. No ha quedado ningún recuerdo y toda la sangre se ha vertido al subsuelo, único testigo junto con los cielos de las atrocidades cometidas en esta enigmática meseta. Tanta muerte me hace pensar en la mía propia. Siempre que salgo sólo lo pienso, ¿será hoy el día fatídico? Mi mente enferma se regocija con el pensamiento y lo atesora y disfruta con avidez. Pienso que es un sitio magnífico para morir, no puedo imaginar uno mejor. Me dirijo al Hacedor y mi corazón va desbocado por la pendiente pero tengo todos los sentidos muy alerta, y le digo que si me ha reservado una muerte mediocre en la cima de la decrepitud y en una cama…¡que me fulmine ahora mismo y me haga caer con grandeza en este paisaje sobrecogedor! ¿Puede haber algo mejor que eso? Me imagino muerto cogido al manillar de mi máquina con la fuerza de 100 osos, con la fuerza que sólo da la locura. Nadie pasa por aquí, al cabo de varios días sólo encontrarían un esqueleto aferrado obstinadamente a una bicicleta quebrada y olvidada. Ese pensamiento me anima y me llena con el espíritu de la meseta. No tengo agua pero sigo adelante.

Sigo subiendo y al final veo un cuello que perece el final de la subida. Al final parece que lo voy a conseguir. Llevo casi 8km desde Argelita. A mi derecha se abre el altiplano y se ve el famoso “mas del moro” con vistas a Alcora en la lejanía. El Mas parece ser un grupo de edificaciones semi derruidas y pobladas por fantasmas. Pienso en entrar pero siento miedo. El lugar susurra. El viento me hace imaginar voces quejumbrosas ávidas de nocturnas psicofonías, se me pone la carne de gallina. El lugar me recuerda a Osgiliath, siempre poblada de fantasmas. Sigo mi camino. Parece que a partir de aquí el paisaje es menos agreste, la magia se va perdiendo poco a poco, parece que regresamos al mundo de los moldes del Hacedor, madito seas Hacedor, ni el más sabio pude atisbar la capa más superficial de tus propósitos…el terreno es de repechos, la subida ha finalizado. Se suceden masías desperdigadas en el recorrido No están en ruinas. Veo ventanas. Creo ver un candil encendido en el interior de una. Creo que hay amor en el interior. Me siento tentado de averiguarlo…amor de pareja o de oveja, ¿quién sabe? No doy el paso y sigo mi camino. Transito unos 5 kms de sube baja, llevo 13 desde Argelita. De momento viene una bajada pronunciada, imagino que lleva hasta Lucena, parece que abandonamos el altiplano. ¡Maldición! ¿Qué hago? Viene la puta disyuntiva. Cabeza o locura. Empieza a oscurecer y no tengo agua. Mi locura me empuja a llegar a Lucena. Mi parte racional me pide girar, son 10 kms de bajada y no conoces la pendiente, ¡se te hará de noche cabrón! ¡Vaya putada! Mi cuerpo pide más sangre. Las voluntades luchan, pero gana la parte racional, debo estar haciéndome mayor…le hago la promesa al Hacedor. Volveré y completaré lo que hoy no he podido terminar. No he podido ver el Salto del Caballo y el pensamiento me corroe el alma. No importa. Es una oportunidad que me brinda el Hacedor para volver a esta meseta que tantos misterios encierra. Deseo volver, y mi subconsciente trastornado desea morir en ella y ser pasto de las alimañas. Me voy con la sensación de haberme adentrado en un mundo sobrenatural, supongo que es lo que se llama un lugar de poder, lugares en los que confluyen las corrientes telúricas que recorren el globo terráqueo, como Stonehenge en el Reino Unido. Deseo que el día que la diñe, supongo que a este ritmo no debe quedar mucho, prendáis fuego a mis mortificadas carnes y esparzáis mis restos a los vientos de esta enigmática meseta que tanto sabor interno te deja…
























SEGMENTO STRAVA: PUERTO DE CATEGORÍA 2

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